ANAIS Sorensen: Vida y embarazo vegano
Por: Carolina Díaz Díaz de Váldez / Fotografías: Alfonsina Riffo Klaassen


Estar más informados y conscientes de los alimentos que consumimos, es parte de este estilo de vida. El veganismo es una opción considerada por algunos como radical por dejar por completo fuera de sus vidas los productos de origen animal, pero que, para otras como Anaís, se ha convertido en fuente de salud y felicidad.

A fines del 2016, la ONG Animal Libre junto al Instituto Nacional de la Juventud (INJUV) y la Dirección de Educación de Santiago, anunciaban los resultados de una encuesta que determinaba que el 15% de los estudiantes de la Región Metropolitana eran veganos o vegetarianos. Cifra que evidencia el cambio de mentalidad en la forma en cómo las nuevas generaciones son más consientes de los estilos de vida más saludables, lo que comen, su conexión con el medio ambiente e incluso su espiritualidad. La proliferación de restaurantes, lugares de comida, centros de terapias alternativas, dejan en claro que más allá de una tendencia es también un cambio de paradigma que demuestra que se puede vivir de otra manera. Ese es el caso de Anaís Sorensen, quien es profesora de yoga y además está llevando un embarazo vegano.



“Mi mamá desde muy chica, cuando algo nos aquejaba nos llevaba a terapias, sanaciones o Reiki. Ella intentó que conociéramos ese lado de la medicina, con terapias alternativas, el yoga y alimentación sana, pero en ese tiempo no nos interesábamos, es más, comíamos bastante mal. Pero bueno, creo que todo llega en su momento. Cuando estaba en la universidad estudiando diseño de ambientes y objetos, me metí a yoga para relajarme y me empezó a gustar más que lo que estaba estudiando. A esto se sumaba que veía a mi mamá esforzándose demasiado por pagar esa carrera, que era muy cara para nosotros. Sentía que lo que amaba como nunca en la vida era el yoga, así que ahí empezó todo. Me salí de la universidad para poder ser profesora de yoga”, afirma Anaís Sorensen. Ese fue el principio de un camino que fue profundizando día a día. “Empecé a acostarme y levantarme temprano. Dejé de tomar, y eso que yo antes era demasiado buena para carretear. En verdad mi vida dio un giro por si sola, sin obligarme. Era vegetariana en esos tiempos, pero después se sumó que mi cuerpo empezó a rechazar los lácteos y simplemente decidí ser vegana”, agrega. Fue así como el veganismo, práctica que no admite el consumo de cualquier tipo de alimentos y servicios de origen animal, llegó hace cuatro años a instalarse en su vida.

El estilo de vida vegano puede parecer para muchos difícil, sin embargo, para Anaís fue una fórmula mucho más simple. “Hace un par de años no había tanto acceso, pero uno se complicaba, creía que es súper difícil, pero en verdad no lo es. Una dieta vegana es comer frutas, verduras, semillas, frutos secos, legumbres, cereales y creo que no me falta nada más. Se piensa que tienes que tener dátiles, leche y aceite de no sé qué cosa, manzanas súper orgánicas y no. Uno puede ir a la Vega, te abasteces de todo, empiezas a cocinar y estás al otro lado. Cuando uno se deja de complicar, las personas que te rodean también lo hacen. Cuando la gente te ve radiante, feliz y sana, es contagioso. Además, nosotros somos las voces de los animales y es una gran misión en esta vida. Y cada día somos más los que estamos sacando la voz por ello, lo cual es impagable. Ser vegano es tomar consciencia, vivir más feliz, de una manera más respetuosa conectado con lo que te pasa a ti, a los demás y a la tierra”, cuenta Anaís.


UN EMBARAZO VEGANO

Durante el 2017 el Minsal se refirió de forma oficial a las dietas vegetarianas y veganas en las distintas etapas de la vida de las personas y las reconoció como viables. Uno de los puntos que más tensión causó, fue el del embarazo. La mayor preocupación de los especialistas estaba en las repercusiones que podría tener en la salud de los niños que están por nacer, el déficit de las vitaminas B12 y D, zinc, calcio y hierro, que se encuentran en alimentos de origen animal como huevo, leche y carnes. Se concluyó, en términos generales, que se aceptaba este régimen alimenticio con una cuidadosa supervisión de los profesionales de la salud. Situación que se conjuga con que cada vez más mujeres se suman a este tipo de experiencia, teniendo los cuidados necesarios para vivir sus embarazos con una alimentación de este tipo. “Tengo un embarazo sano, feliz y registrado por exámenes. Para mí es impagable porque me estoy educando yo y estoy educando a la gente. Creo que es grandioso sacar todos los prejuicios que hay detrás. Me han dicho una cantidad de cosas, que no voy a tener buena leche, al final uno tiene que taparse los oídos. Un embarazo vegano para mí ha sido increíble, tan feliz y me siento bien, créanme que es mágico. Me siento súper conectada con lo que me pasa, con lo que doy a mi cuerpo y es muy lindo.”, cuenta Anaís.

“Ser vegana me ha hecho ser una persona más consciente, respetuosa y agradecida, que valora el día a día y lo que tengo. He perdido mucho, la vida me ha mostrado la muerte. Creo que cuando uno vive la muerte da más valor a lo que tiene al lado. Cuando tu alimento no tiene sufrimiento, no tiene sangre, no tiene abuso ni mal trato, eso se siente y se refleja en la vida de las personas que son mucho más felices. La alimentación es un tema muy personal, que cada uno necesita por la cantidad de nutrientes. Por eso, es súper importante tener una guía profesional en quien confíes y te sientas cómodo. Lo mismo con el embarazo, que es aún más personal y requiere de este tipo de apoyo profesional. Pues en definitiva, sí se puede ser vegana durante el embarazo, la idea es disfrutar y entregarse”, concluye Anaís.

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