Nicolás del Río: El arquitecto de la nieve por Macarena Peri


Arquitecto, amante de la montaña y de la naturaleza; heredero de una pasión única por el deporte blanco y por los refugios, así es Nicolás del Río, quien en poco tiempo y con gran audacia ha sabido congeniar sus tres amores de una manera única: su familia, su carrera y su pasión.

Farellones es el centro de esquí más antiguo de nuestro país y sin duda ha cambiado mucho desde sus inicios. Originalmente algo que nació como una pequeña villa a fines de los años 30, para algunos fanáticos del deporte blanco que se aventuraron a practicarlo en sus alrededores, hoy es un centro que cuenta con más de 11 canchas consideradas por los expertos las de mejor calidad de nieve en Chile.

Dentro de los fundadores de este monumento natural se encuentra la familia López, proveniente de Austria y fanáticos del esquí, quienes no dudaron en instalarse con un refugio en este lugar. Hace 10 años, su nieto, Nicolás del Río, quien heredó la pasión por las montañas, la naturaleza y la nieve, asumió el desafío de ampliar ese espacio familiar. De ahí nace Canteros, el primer trabajo en la montaña de este arquitecto titulado de la Pontificia Universidad Católica de Santiago y Máster en construcción sustentable de la Universidad de Oxford.

El proyecto comienza por cuestionar la manera de acceder a un refugio de montaña. En el caso pre-existente se debía bajar exteriormente 7 metros por escaleras empinadas, para eventualmente subir 5 por el interior. Si a esto se suma las incomodidades del pesado equipo invernal y las condiciones climáticas el tema se hacía más evidente. Al constatar que el nivel del techo era igualable al nivel calle, la remodelación se transformó en un proyecto nuevo. Un puente y un techo habitable era la solución.

La modelación del volumen también resultó determinante del espacio existente. Un cubo casi perfecto llenaba el vacío dejado en demolición.

Constructivamente, la ventana de trabajo en la montaña es limitada, por lo que se optó por el acero como un material de rápido ensamblaje, el que posteriormente fue revestido en sucesivas capas aislantes. Exteriormente se optó por piedra pizarra para soportar y envejecer de acorde a las condiciones locales, e interiormente en placas de madera que contrastaran con el blanco exterior

El volumen de acceso vidriado, la ‘chiflonera’, no requiere mayor climatización. Bajando un nivel se accede a una planta libre, el lugar público de encuentro. Finalmente el nivel más bajo contiene cuatro ajustados dormitorios y servicios. Esa dualidad es el más alto desafío en la construcción de refugios, según señala Nicolás, “todos quieren un lugar en que se pueda acoger a un número de gente no menor, familia y amigos, pero se exige también una ocupación eficiente del espacio; la respuesta: espacios públicos amplios y espacios privados pequeños.

Después de Canteros, vino la Leonera, también en Farellones. En este proyecto, se exploró la tipología de las casas A, profundamente arraigada al imaginario de montaña y Farellones. El volumen superior, que alberga los espacios más públicos de la casa, es una nave de tijerales de madera a la vista apoyada sobre las vigas invertidas de una losa de hormigón armado, conformando un triángulo isósceles cuidadosamente medido. Hacia los extremos la losa se quiebra y eleva para hacer desaparecer las vigas invertidas de apoyo, a su vez obligando al habitante a tomar distancia del borde abierto permitiendo el control del vértigo producto de la altura y la potencia escénica del paisaje.

Esta nave de madera se posa, como un trineo, sobre un volumen de hormigón armado semienterrado en la pendiente en donde se ubica el programa asociado al ritual de llegada en invierno: accediendo a través de una chiflonera, luego un hall de distribución asociado a un pequeño estar y servicios. Aquí también se ubica el dormitorio principal ganando privacidad e independencia de funcionamiento del resto de la casa. Ambos volúmenes se conectan verticalmente desde su fondo, lo que sumado al control estricto de las aperturas en las fachadas genera el hilo conductor de la experiencia de la obra, a través de la tensión y el dominio del paisaje. Nicolás está conectado a la montaña y a la naturaleza desde sus entrañas, y no entiende su vida sin ello. Desde el año 2011 formó el grupo DRAA junto a los arquitectos Felipe Camus y Magdalena Besomi, quienes han sido un pilar fundamental para llevar a cabo cada uno de sus proyectos.

“Una de las grandes ventajas de la construcción de refugios es que el impacto visual es tremendamente alto, por lo que normalmente llama mucho la atención. Pero por otro lado, la construcción hasta hace un tiempo era casi nula, es un segmento muy cerrado por lo que son pocos los encargos, entonces hay que jugárselas”.

Es por ello, y por una decisión familiar, que del Río decidió radicarse en el sur de nuestro país, en Frutillar, buscando así ampliar los horizontes de su arquitectura, pero siempre conectado con la naturaleza.

RECETA DULCE

MUG CAKE

NICOLÁS DEL RÍO

El arquitecto de la nieve