La época del apogeo financiero del puerto:

Los secretos ocultos de las puertas de Valparaíso por Rosario Meneses y Marcela Cademartori


Grandes e imponentes puertas que marcan el recorrido de una avenida que otrora fuera el centro financiero y bursátil más importante del puerto, hoy, en pleno siglo XXI, siguen cautivando por esa simbología, que nos lleva a través de la línea del tiempo, a lo que fue la época de oro de la vida portuaria durante el siglo XIX e inicios del XX. Son una serie de historias y relatos que se asocian a los primeros inmigrantes que llegaron a la ciudad y que permanecen ocultas, entre calles y rincones, a la espera de ser redescubiertas

Calle Prat, pleno siglo XXI. El ir y venir de cientos de personas que a diario circulan por esta arteria, pareciera no reflexionar acerca de lo que alguna vez fue esta importante calle hacia fines del siglo XIX y comienzos del XX. Mármol, bronce, fierro forjado y madera, son todos materiales que visten de brillo, de vida y por qué no decirlo, de lujo, a una avenida que aún guarda entre sus rincones ese imponente simbolismo que habla de un pasado en donde la mano de los inmigrantes europeos se hizo presente con fuerza y con todo ese ímpetu de viajeros que llegaron a echar sus raíces en esta naciente ciudad.

Jorge Ferrada, director del centro de estudios patrimoniales urbanísticos y museográficos PUCV, nos cuenta que la mayor parte de Valparaíso está construido sobre naves hundidas, un dato que pocos saben e información que por años se ha preferido mantener oculta. Desde ese punto se comienza a concebir la estructura urbana de Valparaíso que toma fuerza desde la segunda mitad del siglo XIX.

En 1900, para el centenario de la nación, se produjo una efervescencia comercial que derivó en la conformación de un centro financiero y bursátil, en terrenos que se fueron rellenando en parte por el naufragio de un número importante de barcos y el material del derrumbe de edificios antiguos que cayeron por terremotos e incendios.

Se trataba de la calle Prat, en donde se instalaron banqueros ingleses y alemanes. Las primeras edificaciones financieras se ubicaron en el acantilado y debido al poco espacio disponible para su emplazamiento, es que fueron dando origen a una avenida que destaca hasta el día de hoy por su angostura y el efecto sombrío de sus calles. Pero son las puertas de cada una de las fachadas de estos edificios las que van determinando un ritmo de brillo a lo largo del recorrido, dado por los bronces enchapados y los relieves de sus umbrales.

Para Rodrigo Moreno, director del Departamento de Historia y Director de la Facultad de artes liberales de la Universidad Adolfo Ibáñez sede Viña del Mar, las puertas son un testimonio de ese pasado de apogeo que la calle Prat tuvo. El tamaño de estas y la materialidad de las cuales están fabricadas, representan justamente la función que cumplían: “Eran símbolo de status, de grandeza, su gran tamaño revela una relación con una sensación de protección, era la imagen que debían proyectar de tal manera de que se reflejara seguridad y de esta manera se atrajeran a los inversores”.

En este núcleo financiero destacan 10 puertas. Pero para entender su significado hay que comprender primero los conceptos de símbolo y signo. El símbolo en el mundo griego implicaba un contrato entre dos personas, un cumplimiento; por ende, se traduce en la práctica en algo que posee un valor. “En el caso de las puertas podemos decir que para los inmigrantes existía un valor con las raíces, con esa tierra que había quedado atrás y que de alguna manera querían mantener cerca. Con el tiempo, el símbolo fue mutando a un signo en donde entra a jugar el concepto de lo valorado y lo valorable, es decir, en donde un factor comercial entra a empañar todo ese simbolismo inicial, esa fuerza con las que estas construcciones fueron concebidas”, explica Jorge Ferrada.

De acá se concluye que las puertas de este importante Wall Street porteño que se fue conformando en la ciudad, constituyeron un evidente símbolo de poder. “Existió una relación directa entre Valparaíso y Londres, un aspecto que ninguna otra ciudad de Chile tenía, ni siquiera Santiago, razón por la cual siempre se miró con cierto recelo a Valparaíso. Fueron años de oro y apogeo para una ciudad que en todo momento se concibió desde el mar. De ahí que al atravesar estas grandes puertas no existiera mucho espacio interior que hablaran de grandes lobbies o halls de acceso, ya que era arquitectura que rápidamente chocaban con el cerro. Esta época se definiría como la última etapa de la globalización industrial”, argumenta Jorge Ferrada.

Cavando en los secretos de los simbolismos

Para Jorge Ferrada, la puerta en aquel tiempo viene a representar un importante símbolo dentro de estas fachadas. En principio, su tamaño se asocia al gigante de la persona jurídica, desproporcionado respecto al hombre. Representaban también un contrato internacional, vinculado a un valor social y cultural del inmigrante que se radicó en Chile.

Para Rodrigo Moreno, en cambio, las puertas son una insignia de status, debían reflejar el uso para lo cual fueron concebidas, es decir, frente a lo cual el tamaño y los materiales con las cuales eran elaboradas, hablan justamente de esta condición: “El fierro forjado, la madera de roble americano, el bronce, son todos materiales que muestran poderío, protección y seguridad. Hay que entender que estas eran traídas desde Europa que, por su parte, vivía además una época convulsionada por la Primera Guerra Mundial y un período posterior también de alta complejidad; es por ello que la arquitectura de la época fue pensada en base a un concepto de protección”.

“Las puertas eran traídas desde el extranjero ya armadas, puesto que en nuestro país no existía manufactura propia; por ello en cada una de ellas está plasmada la moda y tendencias que por esos años imperaban en Europa. Es la razón por la cual se puede visualizar que existen similitudes entre edificaciones porteñas e inglesas, con la diferencia de que nuestra cultura no fue capaz de conservar en el tiempo la sedimentación que permite mantener ese vínculo con los orígenes de la historia”, señala Jorge Ferrada.

Tocando la historia

Calle Prat se compone básicamente de dos grande cuadras, un corto trayecto en el cual se puede trazar toda esa historia que conformó las bases de lo que es actualmente el Gran Valparaíso. Si bien hoy es una arteria repleta de ruido y movimiento, al extraer todos estos elementos distractores y quedarse con el fundamento central de la historia que acá se originó, es cuando se develan todos aquellos secretos del puerto que yacen allí enterrados.

Una arquitectura neoclásica bastante mezclada nos entrega claros indicios de lo que fue la llegada e integración de los primeros inmigrantes que acá se asentaron, en donde existe influencia italiana, española, alemana e inglesa, fundamentalmente.

El uso de materiales fuertes, de excelente calidad es lo que ha permitido que los vestigios de ese esplendor aún existan en los principales edificios corporativos que allí funcionan, y que han sido los responsables de mantener ese legado patrimonial.

Recorrer esta arteria de sur a norte es ir descubriendo una arquitectura que resulta simplemente alucinante y en donde destacan, por ejemplo, el edificio que hoy alberga al Banco Santander que en su minuto fue el Banco de Londres. Acá predomina el uso de fierro forjado, elementos dorados y dos escudos del banco original que no se han querido intervenir. Según Rodrigo Moreno, esta es una obra de un valor incalculable solo pensando en el tipo de material empleado, una inversión que a ojos de la modernidad, sería impensable de llevar a la práctica.

Algo similar sucede con el Juzgado Civil de Valparaíso, edificio cuya puerta posee una marcada influencia anglosajona o el edificio de la Plaza de la Justicia en donde el predominio ítalo-belga se presenta en toda su magnitud.

“Es posible ver cómo en solo dos cuadras podemos tener una réplica exacta de ciertos lugares de Europa y de una arquitectura comercial que refleja la vida de negocios que allí se desarrollaba. Se puede identificar incluso cómo acá surgieron los primeros indicios de lo que más tarde se conocería como el “marketing corporativo”. En este caso se trataban de edificaciones que comunicaban seguridad, solvencia, status, entre otros atributos, es decir un diseño arquitectónico perfectamente pensado y logrado”, reflexiona Rodrigo Moreno.

Redescubrir ese enorme legado nos lleva a conocer nuestros orígenes, a maravillarnos y encantarnos con toda esa época de gloria de nuestro puerto y entender, finalmente por qué es considerado un patrimonio de la humanidad.

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