CAMILA VALDIVIA: La experiencia de una chilena en Uganda
Por: Marcela Cademartori.

Camila Valdivia.

A la antofagastina Camila Valdivia desde muy joven le atrajo la vida que se desarrollaba en África. Sus animales y los safaris fueron temas que despertaban su interés. Años después se vería inmersa en la realidad de Uganda, experiencia de la cual rescató un valioso aprendizaje que la llevó a entender el verdadero sentido de la pobreza.

Como si fuera el diario de vida que escribió día tras día, la antofagastina Camila Valdivia va repasando lo que fue su experiencia en uno de los países más pobres del planeta: Uganda. Hasta allí llegó movida por una inquietud que tenía desde que estaba en el colegio, por conocer los países africanos y los safaris que solía ver en televisión.

La oportunidad llegaría mientras realizaba un viaje por el norte de Australia. Allí conoció a un Africano criado en Brisbane, Queensland. "Él me dio el contacto de una ONG que les provee con pozos de agua, y me contacté con ellos. Me derivaron con SUUBI, la ONG local en Uganda con la que trabajé. Ellos me dijeron que necesitaban mucha ayuda en una escuela que apoyaban, y que todo sumaba. Estando en Vietnam decidí hacer el viaje. Tuve que volar a Bangkok para ponerme la inyección de la fiebre amarilla y posterior a eso compré los pasajes, luego de lo cual finalmente arribé a Kabawaala School en Uganda".

"Llegar al país fue encontrarme con una realidad chocante. Calles de tierra con hoyos, la gente acarreando agua por todos lados, la poca variedad de cosas, niños con ropa rota y descalzos".




"Desde el principio entendí que no podría moverme sola. Siempre con Steven (director de la ONG) o con un chofer. Después de 3 semanas recién me atreví a ir sola a comprar. Era la única “muzungu” (extranjera), y destacaba por sobre el resto por ser "la blanca" del barrio. Todos me miraban cada vez que pasaba caminando y cuando iba en el vehículo me gritaban “muzungu”. Me pedían plata en las calles por ser blanca, me preguntaba de qué país era, y cuando les decía que era de Chile, Sudamérica, asumían que era de Estados Unidos y que era millonaria. Eran buenas razones para creer que me acosarían o robarían. Con el tiempo comprendí que estaba todo en mi cabeza, y mi percepción cambió radicalmente cuando los conocí mejor".

"El primer día que visité la escuela me impactó ver a una niñita en el piso de la oficina, tapada con un saco de tela. Creían que tenía malaria. Estaba muy deshidratada. Le di de mi agua, y al verme tan preocupada por ella, los profesores se movieron para llevarla al hospital en moto. De no ser por mi llegada, ya que la malaria es algo tan normal, lo más probable es que la hubiesen dejado allí en el piso".

UN APRENDIZAJE REAL

Más allá de la experiencia y realidad que a Camila le tocó ver, la profesional comenta que finalmente el más valioso aprendizaje que internalizó fue la empatía. "Entendí que esta podía llegar mucho más lejos de la que yo ya tenía desarrollada".

"Aprendí que la salud mental y física dependen de tu diario vivir, y que la comodidad occidental está aplastando la vitalidad humana. Me di cuenta que son muy pocas las personas que saben aprovechar y valorar lo que tienen".

El pronto regreso de Camila a Chile no está exento de dudas que rondan su cabeza, principalmente enfocadas en la perspectiva de vida de los chilenos. "El ugandés posee una visión de vida sencilla, no agrandan los problemas y tienen una riqueza espiritual muy grande porque viven en torno a la empatía y el amor. Son seres enormemente generosos y solidarios. Un queque lo reparten entre 5 y todos son felices porque a todos les toca disfrutar de un pedacito de bocado. Allá no existe el individualismo. En Chile y en muchas partes del mundo la ley es la siguiente: el que más tiene menos da y el que menos tiene, da un poquito. No me gusta ese concepto de vida".



"Volver a Chile me genera extrañeza, ya que por un lado viviré nuevamente en un lugar civilizado y nada me faltará, pero de seguro que echaré de menos a la gente sencilla, energética, afable, empática y generosa. Ellos tienen verdaderos problemas y aún así te enseñan que la vida es bella. Espero que esa inspiración por la vida la encuentre por allí nuevamente, tal vez flotando en las calles antofagastinas".

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