ETIQUETADO DE ALIMENTOS: UNA LEY EN BLANCO Y NEGRO por María Laura Garzón


Esos colores tienen los octógonos que hoy advierten de la presencia de sodio, calorías, grasas saturadas y azúcares en los productos envasados, y esas tonalidades se han dejado ver también tras sus primeros días en el comercio. Por un lado, con la responsabilidad en el consumo que esas señales parecen provocar en parte de las personas; por otro, con un efecto que podría quedarse en el corto plazo, y un beneficio que podría favorecer solo a quienes estén en condiciones de costearlo.

CASO: CONSUMO DE ALIMENTOS PROCESADOS Y ENVASADOS POR PARTE DE LOS CHILENOS

Antecedente número uno: “Los nutrientes críticos tienen un impacto demostrado en la salud. El consumo de sodio está vinculado con la hipertensión arterial, que hoy se ha visto hasta en niños, tal como la dislipidemia, que está asociada al consumo de grasas saturadas. Hoy también hay presencia de diabetes tipo 2 en personas de 30 o 40 años, y además están las enfermedades cardiovasculares, que son la primera causa de muerte en nuestro país”, asevera Cristián Hermosilla, docente de la carrera de Nutrición en la Universidad Católica.

Antecedente número dos: “La gente no sabía lo que estaba consumiendo, porque obviamente nadie entiende un rotulado expresado en términos muy técnicos y con una letra muy pequeña, sin una advertencia en torno a si el producto era saludable o no”, agrega el presidente de la Corporación Nacional de Consumidores y Usuarios (Conadecus), Hernán Calderón.

Ahora, combinemos ambas premisas en una misma ecuación. ¿Cuál es el resultado? Simple: Una bomba de tiempo en términos de salud pública, con los niños como principales afectados. Eso es lo que, de acuerdo con los especialistas, se estaba viviendo en Chile a causa del consumo desinformado de diversos productos alimenticios, lo que derivó en una de las más exigentes legislaciones registradas al respecto: La recientemente estrenada ley de etiquetado de alimentos.

Ése es el origen de los octógonos que hoy se multiplican en los envases de algunos productos, advirtiendo cuando estos son altos en azúcares, calorías, grasas saturadas y sodio. De ahí vienen también los famosos kioscos saludables, junto con bullados casos como el de “Kínder Sorpresa”, ya que la nueva legislación prohíbe que alimentos que tengan incluso un solo disco negro incorporen ganchos para niños, como regalos o imágenes que los seduzcan (por ejemplo, la de un dibujo animado).

Y de ahí también viene el rebote positivo que ya se ha registrado: en la búsqueda de evitar la presencia de símbolos, sobre todo en el mercado de los lácteos y de los cereales, muchas empresas se apresuraron en modificar las composiciones, reduciendo las cantidades de nutrientes críticos hasta quedar por debajo de los límites establecidos.

Porque esa es una de las primeras consecuencias de este proceso. “Nos estamos encontrando con un sinnúmero de productos que pensábamos que no eran tan problemáticos y que ahora aparecen con tres de estos octógonos”, afirma Hermosilla.

Gracias a ello, sostiene el nutricionista, las decisiones de compra de los consumidores deberían cambiar, sobre todo entre aquellos que adquieren colaciones para sus hijos. “Uno tiene ver el costo/beneficio, y en este caso realmente vale la pena el esfuerzo”, dice.

EL LADO B

¿El esfuerzo? ¿Cuál? ¿El de privarse de una golosina, ahora que sabemos lo que arriesgamos? No. El esfuerzo del que Hermosilla habla es el económico, porque una de las situaciones que hizo patente la ley de etiquetado es que en Chile comer sano es notoriamente más caro que alimentarse con productos cargados de advertencias.

hijitos. Pero, ¿qué pasa con el grueso de la población? Para ellos, un aumento del 25 por ciento en el precio se nota, y demasiado. Por tanto, el 84 por ciento de las personas seguirán consumiendo productos chatarra, que es para lo que les alcanza”.

Los efectos de esto, Marinao los ve no solo en el ámbito de la salud, sino incluso en el social. “Todos aquellos que somos padres o madres siempre queremos lo mejor para nuestros hijos, no obstante, este tipo de restricciones genera mucha frustración si no se pueden solventar estas diferencias. Es así que después nos quejamos de la agresividad social”, afirma.

Y eso sin considerar que, para el docente, una medida como la de los octógonos suele ser eficaz solo en primera instancia: “el bombardeo comunicacional tiene algunos resultados a corto plazo, pero por efectos de saturación de nuestra memoria. En el largo plazo se vuelve a actuar por acostumbramiento. Vale decir, esta ley sí va a tener algunos efectos en lo inmediato, no así después”.

Por lo mismo, quienes han seguido de cerca el debate esperan que las medidas recién implementadas sean solo el puntapié inicial. “A la gente hay que ir educándola, para que entiendan el porqué de este tipo de legislación y de advertencias. Mientras eso no pase, tampoco vamos a lograr grandes cambios”, dice Hernán Calderón.

Cristián Hermosilla lo corrobora: “Lo que nosotros esperamos como profesionales es que a esta ley se sume un tema educativo fuerte, incluyendo el cómo combinar estos productos. Porque esto no significa que nunca más en la vida te podrás comer una golosina, eso no es así. La idea es volver a lo de antaño, a una alimentación más natural, y que esos otros alimentos (etiquetados) sean complementarios, pero no parte fundamental de nuestra dieta”. PM

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