Fiesta de La Tirana: Cuando el desierto se llena de colores por Rodrigo Tapia


Julio está marcado cada año por la fiesta religiosa de La Tirana, en un pequeño pueblo al interior de la Región de Tarapacá, que en pocos días, pasa de la calma de sus poco menos de mil habitantes a una población superior a las 250 mil personas.

La celebración en honor a la Virgen del Carmen llena de colores la Pampa del Tamarugal. En su imponente Santuario, danzan miles de promesantes que conforman los 198 bailes religiosos provenientes de distintas ciudades del país. Además, son miles los peregrinos que llegan con sus mandas en los días de festividad.

A pesar de lo llamativo de los trajes, las bandas de bronce cada vez más grandes y ruidosas, y la gran cantidad de turistas que se ven atraídos por la fiesta, ésta aún conserva su sentido religioso.

“Una estructura social de esta magnitud difícilmente se mantendría en el tiempo si no estuviera profundamente arraigada en la antropología de la región. Es decir, la fiesta a pesar de que tiene características de lo que podríamos llamar un festival, es una expresión de la religiosidad popular que se asienta en una experiencia humana general, fuente de identidad regional y que sostiene como sustrato básico toda la estructura externa de música, color, danza y oración”, explica el sacerdote Franklin Luza Zañartu, quien fue durante 18 años rector del Santuario.

La solemne eucaristía de vísperas del 15 de julio es casi una expresión de alegría, de sonidos y color similar a la bienvenida de un año nuevo. Pañuelos blancos, el sonido de los instrumentos y miles de personas coreando la “Reina del Tamarugal” hacen de estar en la explanada del Santuario una experiencia única e inigualable. Así también la misa del 16 de julio en que la imagen de la Patrona de Chile es bajada desde el atrio del templo con miles de cintas multicolores que se despliegan por la plaza y bajo los sones del Himno de Yungay. Por la tarde, la procesión por las calles del pueblo es otro de los grandes momentos de la fiesta.

LA INTERMINAbLE DANZA EN EL PUEbLO

Desde el 10 y hasta el 17 de julio son 198 bailes religiosos los que participan en la fiesta de la “Chinita”. Diabladas, morenos, chunchos, gitanos, indios, pieles rojas, zambos, chinos, cuyacas, osadas, bailes de corte andino y el baile chino, entre otros, engalanan las calles del pueblo con su danza incesante que no se detiene por las altas temperaturas del día ni tampoco con el intenso frío pampino de las noches.

Juan Pablo Maturana, presidente de la Federación de Bailes Religiosos de La Tirana, cuenta que “seguimos una tradición de 500 años. Porque la danza religiosa es un encuentro con el Señor, una oración constante para pedir algo o favor concedido, qué mejor hacerlo a través de la Santísima Virgen. El traje es una investidura sagrada que se asemeja al hábito de un consagrado”.

500 AÑOS DE FE EN EL SANTUARIO

El 16 de julio de 2040 se cumplirán los 500 años de fe en el Santuario. “Significa lo que antes llámanos la leyenda, hoy día con los descubrimientos de la historia podemos trazar algunas coordenadas que nos permiten aproximarnos a la fecha en la que comenzó a vivirse la fe cristiana en el Santuario”, explica el sacerdote.

Profundiza que “esto porque en los últimos años se ha confirmado la existencia de Fray Antonio de Rondón, monje mercedario, cuya existencia solo era sostenida por la recopilación de los relatos orales de Cuneo Vidal, etno historiador peruano. Entonces, verificada la existencia histórica de Antonio de Rondón, es relativamente fácil calcular el tiempo en el cual él descubrió la tumba de la Ñusta sobre la cual se había impuesto una cruz cristiana. Este acontecimiento ocurrió durante el paso de Antonio de Rondón por esta tierra mientras participaba en las tropas españolas del descubrimiento y conquista”.

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