Tareas escolares: ¿instancia de aprendizaje o factor de estrés? Por Maricel López


Se podría pensar que todos, alumnos, profesores y padres, están de acuerdo con las tareas escolares, ya que es una situación tan instaurada que no se plantea ni siquiera la posibilidad de un cambio. Sin embargo, han surgido voces planteando que las tareas escolares son excesivas, poco efectivas y que, lejos de aportar al aprendizaje, pueden afectar negativamente el desarrollo de los niños y niñas.

Desde que se implantara la Jornada Escolar Completa (JEC), que tenía como objetivo aumentar las horas en el recinto escolar para mejorar la calidad de los aprendizajes, las tareas en vez de disminuir, han aumentado, sumiendo a los niños, niñas y adolescentes en trabajos extraescolares luego de haber estado hasta 8 horas cronológicas en el colegio.

Un estudio en Chile reveló que, en educación media, un 41% de los adolescentes destina más de dos horas a realizar tareas escolares en sus casas y otro 32,5% le dedica entre una y dos horas al día. Mientras que en educación básica, un 26% destina más de dos horas y un 42% entre una y dos horas. Entonces cabe preguntarse: ¿por qué enviar tantas tareas al hogar?, ¿qué se persigue con esto?

Por un lado, el objetivo que deberían cumplir las tareas escolares, es el de asegurar y reforzar el aprendizaje de los contenidos que se imparten en el colegio y, por otra parte, deberían favorecer la autonomía, la responsabilidad y el hábito de estudio, pero ¿se consiguen estos objetivos?

Suele creerse que mientras más tiempo se dedica a las tareas escolares, mejor es el rendimiento. Sin embargo, el mismo MINEDUC ha declarado que no existe evidencia de que las tareas ayuden a obtener un mejor aprendizaje. En este sentido, las tareas escolares no estarían cumpliendo los objetivos anteriormente planteados.

Como psicopedagoga, fomento la presencia de hábitos de estudio desde los primeros años de la educación formal, pero no me refiero únicamente a la instauración de una conducta frecuente y sistemática de estudio, sino apelo a un conjunto de experiencias significativas y transcendentes que permitan desarrollar en los niños, habilidades personales y académicas que serán las que, en definitiva, les servirán para toda la vida.

Bajo lo anteriormente planteado, la clave no está en cuánto tiempo se dedica diariamente a realizar tareas escolares y repasar contenidos, sino cómo se utiliza dicho tiempo. Los niños y las niñas deben “aprender a aprender”, siempre en un ambiente grato, relajado y respetuoso de las características individuales y especiales de cada niño y niña. Debemos propiciar las instancias para que, nuestros hijos e hijas, disfruten del aprendizaje y tengan una relación amigable con los nuevos saberes.

Si un niño(a) aprende desde pequeño a organizar su tiempo, adquiere técnicas y estrategias de estudio y aprende a fijarse objetivos, será una persona con menor propensión al estrés y podrá desarrollarse adecuadamente en los diferentes ámbitos. Si un niño, niña o adolescente solo destina su tiempo al ámbito escolar, debemos preocuparnos. Ellos y ellas deben jugar, hacer deporte, compartir con familiares y amigos y, también, descansar.

Los padres son, lejos, quienes mejor conocen a sus hijos e hijas. Por lo tanto, serán ellos quienes podrán identificar cuándo la carga de tareas es excesiva, convirtiéndose en un factor que puede afectar la salud de los niños(as), aumentando el estrés y generando problemas físicos y psicológicos.

RECETA DULCE

MUG CAKE

NICOLÁS DEL RÍO

El arquitecto de la nieve