Río GANGES: UN VIAJE CARGADO DE ESPIRITUALIDAD
Por: Mauricio Maldonado


En sus más de 2 mil kilómetros de extensión, que parten en los Himalayas y declina en el delta de Sundarbans, este afluente es el punto de encuentro de las creencias de los hindúes y sus múltiples ritos en honor a sus varios dioses. Un lugar de peregrinación en que se dan cita vida y muerte, mantras e incienso, fuego y rezos. En las siguientes líneas, parte de la travesía realizada por el fotógrafo Felipe Reyes por este ícono del continente asiático.

Felipe Reyes, fotógrafo

"Ganges” proviene de la palabra sánscrita “gángā”, que significa “va,va”, es decir, que se mueve rápidamente. Una verdad absoluta en sus más de 2.500 kilómetros de sinuosa extensión. El río Ganges, que nace a los pies del Himalaya y muere en el delta de Sundarbans, pese a ser considerado uno de los afluentes más contaminados del mundo, para los hindúes es lo más sagrado del planeta. Es el lugar cúlmine de la existencia, donde los ritos se funden entre fuego e incienso.

Su trascendencia para el hinduismo es absoluta y devota, ya que representa la puerta de entrada a la eternidad. Es el punto de inflexión hacia el estado supremo de felicidad que puede alcanzar el alma, el acenso al “Nirvana”. También, y de forma más simple y sencilla, los hinduistas acuden a sus aguas para bañarse, lavar su ropa, meditar o rezar. Pero, no cabe duda que lo más trascendental e intenso de presenciar son sus ritos y ceremonias religiosas.

“El río Ganges es como el ‘nervio’ espiritual de la India, y específicamente, para los hindúes es la representación de toda su espiritualidad, ya que tiene que ver con un aspecto central de su cosmovisión, que es la reencarnación y la vida eterna. Es decir, el Ganges es el río que es visto como el lugar donde las personas quieren terminar sus días. Aquí la gente va a cremar a los muertos, ya que según su fe, el ser quemado en el Ganges y luego arrojar las cenizas a sus aguas, garantiza que esa persona no volverá a reencarnarse. Es una especie de ceremonia de purificación, que corta el ciclo de la reencarnación permanente, ya que esto significa un volver, pero un regreso que representa un castigo. Se produce el ‘Moksha’ o liberación del alma”, cuenta Mauricio Rubilar Luengo, Doctor en Historia y docente de la Facultad de Comunicación, Historia y Ciencias Sociales de la Ucsc.

Es así como Varanasi, la ciudad más antigua de la India y también la más sagrada del Ganges, es uno de los lugares predilectos para realizar todo tipo de rituales, siendo cientos e incluso miles las personas que llegan a sus orillas -luego de extenuantes y largos caminos- en búsqueda de la trascendencia y redención. En sus 3 kilómetros de borde costero se encuentran las famosas “Ghats”, escaleras que penetran en las aguas del río y donde los hindúes, se sumergen para purificar sus pecados, sanar sus enfermedades e incinerar a sus deudos. Por su parte, los Doms son la casta encargada de velar por el fuego sagrado, con el que encienden las piras funerarias. En el Ghat de Manikarnika, el más grande de ésta ciudad, por ejemplo, se estima que se realizan hasta 200 incineraciones al día.

“Es un río que, por un lado, tiene el significado de la vida eterna, pero por otro, refleja también la muerte y la pobreza. Una dualidad, ciertamente, típica de las culturas orientales”, agrega el académico.

Fuego y agua de la vida eterna"

Otra de las ceremonias llamativas que tiene lugar en esta ciudad, y que también se puede presenciar en Benarés, es la celebración del Ganga Aarti (ritual de fuego), la cual se realiza de una a cuatro veces al día, y es parte de casi todas las ceremonias hindúes y en muchas de sus fechas festivas. Este rito, de adoración a los diversos dioses o deidades que poseen los hindúes, es conducido por siete líderes, uno por cada día de la semana. Estos son subidos a un escenario a orillas del río, plataforma que se completa con una especie de paraguas de luces. Todo parte con el saludo de bienvenida al Ganges, donde un hindú, representando a Shiva, sopla unos caracoles de viento. Durante tres cuartos de hora, efectúan variados ritos con lámparas de fuego, hacen sonar campanas, cantan mantras y esparcen incienso. El incesante sonido de los diversos instrumentos autóctonos, acompañados por golpes de tambores, campanas y cánticos de fondo, crea una atmósfera religiosa emotiva y estremecedora.

Más allá de la cremación y ritos que involucran espectacularidad visual, vida y muerte, el río Ganges es también un lugar de peregrinación, un viaje místico cuyo principal propósito, según los hindúes, es la limpieza de sus pecados y sus 88 generaciones precedentes. La ciudad de Allahabad es clave en este sentido, ya que es ahí donde se une a otro importante río, el Yamuna. En esa confluencia -punto álgido de este viaje- se llegan a bañar hasta 70 millones de personas durante el Kumbhamela, travesía que se emprende cuatro veces cada doce años. En otras palabras, cada ciclo de 12 años se contempla un maja kumbhamela o “gran reunión del pote” en Praiag, sector ribereño del Ganges, en la que participan varios millones de personas, lo que lo convierten en el peregrinaje más grande que se celebra en el mundo.

Esta festividad aparte de Allahabad, se despliega en otras tres ciudades: Haridwar, Nasik y Ujjain, y se basa en uno de los mitos fundamentales del hinduismo, el llamado “Batido del océano de leche”. Según esta leyenda, los dioses y demonios se aliaron con la finalidad de crear el amrita, néctar de la inmortalidad. Una vez conseguido este propósito, el cántaro que lo contenía fue robado por los demonios, provocando una batalla divina que duró doce días y doce noches, el equivalente a doce años humanos. Durante esta guerra se derramaron varias gotas de amrita en las antes mencionadas “ciudades sagradas”. En las fechas que se consideran favorables para bañarse, hay procesiones y desfiles ceremoniales de sabios, yogis y santos. Estos icónicos personajes van en burros, carros, elefantes, y diferentes medios de transporte, “irradiando” y compartiendo con las demás personas sus bendiciones y vibraciones positivas. “La India y el río Ganges, una mística y fascinante experiencia de vivir aunque sea una vez en la vida. Un lugar en donde gira, prácticamente, toda la vida de los hindúes, donde comienza y termina todo”, concluye el fotógrafo Felipe Reyes.

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