Trampas de los taxistas: Los problemas que expuso el caso Uber por Sebastian cerda


Mientras los choferes de taxis básicos reclamaban legítimamente por una competencia con visos de irregularidad, los ciudadanos que empatizaron con su causa brillaron por su ausencia. ¿La razón? El recuerdo de cambiazos, tarifas fijas, taxímetros adulterados y otros trucos, que dejaron la reputación del sector por el suelo.

En tiempos de indignación como los que corren, el ejercicio de generalizar tiende a bullir como lava ardiente en el volcán. Y cuando el torrente llega a esa zona de cultivo llamada redes sociales, nadie se salva... La erupción es simplemente inevitable y su impacto, insospechado. Por lo mismo, partamos de una base justa: Ni todos los estudiantes son encapuchados violentos, ni todos los políticos son ladrones, ni todos los empresarios son usurpadores. Pero de que algunos se esmeran por demostrar periódicamente lo contrario, bueno, no vamos a discutirlo ahora.

De esto bien saben los taxistas a propósito de su entuerto con Uber, ese sistema al que acusan de competencia desleal y de omitir todas las obligaciones que a ellos no les perdonan. Y es cierto: De acuerdo con la legislación actual, la plataforma juega en la nebulosa en materia tributaria y de transporte de pasajeros; y así lo entienden desde la autoridad para abajo. En la teoría, los taxistas ganan por paliza.

Sin embargo, el efecto producido en la ciudadanía parece ser exactamente el contrario: Pese a la evidencia, la camiseta popular hoy parece estar más con la aplicación que con los taxis básicos. ¿La causa? Una carta abierta a los taxistas, convertida luego en viral, la expresa con contundente claridad.

“¿Recuerda aquel día en que yo necesité hacer un viaje desde Parque O’Higgins hasta San Ramón y me dijo que no andaba por ese sector? ¿Cuando le pagué el viaje y usted me dijo que no tenía vuelto, y se quedó con el mío? ¿Recuerda cuando necesité hacer un viaje corto y usted dijo ‘ah, toma el próximo taxi’, y me pidió que bajara? ¿O cuando estaba en el Aeropuerto y el viaje en taxi me salió casi lo mismo que el viaje en avión? Entonces, mi amigo, cada vez que ustedes hicieron ese tipo de cosas, estaban regalando un cliente más a Uber”, sentencia la misiva.

El autor y el destinatario son anónimos, pero casos como los descritos se repiten a cada instante en la ciudad. Lo vivió la periodista Millaray Valeria, cuando tomó un taxi en Providencia a metros de Suecia, para ir a buscar a su hijo al jardín infantil. Aprovechando la luz roja, subió. Una vez dentro, permaneció concentrada en su teléfono móvil respondiendo mails, y solo cuando el vehículo se movió tras la luz verde levantó la cabeza y miró al taxímetro. “¡Ya iba en $850!”, cuenta.

Más aires delictivos, en tanto, tiene lo ocurrido recientemente con Marlene Quinteros, una dueña de casa de 69 años. Un sábado en la noche, tras un matrimonio en Las Condes, tomó un taxi hasta su casa, en una carrera que cerró en $3.900. “Le pagué con $10.000, esperé el vuelto, pero él me muestra un billete de $1.000 y me reitera que el viaje salió $3.900”, relata. Tras revisar el efectivo que quedaba en su cartera, la mujer insistió en el monto que entregó, pero como la situación se tornó apremiante, terminó entregando los otros $2.900 que supuestamente le faltaban. Así, el taxista se fue con un total de $12.900.

Fue otra víctima del famoso cambiazo, el mismo truco que, con idénticos billetes en juego, intentaron hacerle a la profesora Carmen Gloria Carrasco tras finalizar una carrera en las afueras del mall Parque Arauco. Claro que ella tuvo mejor suerte: “El escándalo que armé fue tal que terminó con Carabineros”, recuerda.

La necesidad de denunciar

“Entre nosotros tiene que sancionarse a los que se portan mal”, dice con pesar Luis Reyes, presidente de la Confederación Nacional de Taxis de Chile (Confenatach), reconociendo que algunos de sus pares han caído en conductas irregulares como las descritas. La aspiración, cuenta, tiene que ver con el afán de que el caso Uber se legisle de forma integral, estableciendo sanciones tanto para quienes él llama “piratas”, como para los conductores de taxis que caigan en conductas ilegales.

Pero establecer estas últimas no es sencillo. Según Paula Flores, jefa de Fiscalización del Ministerio de Transportes y Telecomunicaciones, su unidad realiza un trabajo masivo y continuo, que sólo este año anota 14 mil controles a taxis básicos, con 1.624 infracciones cursadas. Claro que la inmensa mayoría de ellas tiene que ver con aspectos técnicos y de seguridad.

Para todo lo demás, desde un chofer que obligó a un pasajero a bajarse porque la carrera le pareció corta, hasta otro que advirtió de un precio fijo para un trayecto, se requiere la proactividad de los usuarios. “Lo que pedimos es que hagan la denuncia en www.fiscalizacion.cl. Ahí hay un banner que se llama ‘Control Ciudadano’. Lo importante es anotar siempre la placa patente y el lugar donde constatamos esta anomalía”, explica.

Situaciones como cambiazos, en tanto, “saltan del ámbito de los fiscalizadores, son derechamente delitos. En esos casos debe hacerse una denuncia en Carabineros”, agrega la funcionaria.

“No es pega nuestra sancionar, sino de la autoridad”, recalca Reyes, quien apunta sus dardos derechamente a la Secretaría Regional Ministerial. “Según el Seremi, con tres amonestaciones el taxista está expuesto incluso a perder el permiso del taxi. Eso debieran haberlo hecho funcionar hace rato. Fiscalización hace la pega, pero no hay tiraje a la chimenea en el Seremi. Ellos tienen que decir qué pasa con los que son amonestados”.

Mientras, la única sanción es la que aplican ciudadanos en alerta al subir a un taxi, atentos a otras formas de movilizarse, y regalando una empatía casi nula a los taxistas, en su actual lucha contra Uber. Para la jefa de Fiscalización esto es claro: “La ciudadanía se está manifestando de otra forma y hay que escuchar. Es una lección. Lo que se ha dicho es que los taxistas deben acercarse más a la tecnología y a la prestación de servicios con calidad”.

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